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El amor asesinado de Emilia Pardo Bazán.

por yosh
domingo, 26 de octubre del 2008 a las 03:16
guardado en

Nunca podrá decirse que la infeliz Eva omitió ningún medio lícito de zafarse de aquel tunantuelo de Amor, que la perseguía sin dejarle punto de reposo.

Empezó poniendo tierra en medio, viajando para romper el hechizo que sujeta al alma a los lugares donde por primera vez se nos aparece el Amor. Precaución inútil, tiempo perdido; pues el pícaro rapaz se subió a la zaga del coche, se agazapó bajo los asientos del tren, más adelante se deslizó en el saquillo de mano, y por último en los bolsillos de la viajera. En cada punto donde Eva se detenía, sacaba el Amor su cabecita maliciosa y le decía con sonrisa picaresca y confidencial: «No me separo de ti. Vamos juntos.»

Entonces Eva, que no se dormía, mandó construir una altísima torre bien resguardada con cubos, bastiones, fosos y contrafosos, defendida por guardias veteranos, y con rastrillos y macizas puertas chapeadas y claveteadas de hierro, cerradas día y noche. Pero al abrir la ventana, un anochecer que se asomó agobiada de tedio a mirar el campo y a gozar la apacible y melancólica luz de la luna saliente, el rapaz se coló en la estancia; y si bien le expulsó de ella y colocó rejas dobles, con agudos pinchos, y se encarceló voluntariamente, sólo consiguió Eva que el amor entrase por las hendiduras de la pared, por los canalones del tejado o por el agujero de la llave.

Furiosa, hizo tomar las grietas y calafatear los intersticios, creyéndose a salvo de atrevimientos y demasías; mas no contaba con lo ducho que es en tretas y picardihuelas el Amor. El muy maldito se disolvió en los átomos del aire, y envuelto en ellos se le metió en boca y pulmones, de modo que Eva se pasó el día respirándole, exaltada, loca, con una fiebre muy semejante a la que causa la atmósfera sobresaturada de oxígeno.

Ya fuera de tino, desesperando de poder tener a raya al malvado Amor, Eva comenzó a pensar en la manera de librarse de él definitivamente, a toda costa, sin reparar en medios ni detenerse en escrúpulos. Entre el Amor y Eva, la lucha era a muerte, y no importaba el cómo se vencía, sino sólo obtener la victoria.

Eva se conocía bien, no porque fuese muy reflexiva, sino porque poseía instinto sagaz y certero; y conociéndose, sabía que era capaz de engatusar con maulas y zalamerías al mismo diablo, que no al Amor, de suyo inflamable y fácil de seducir. Propúsose, pues, chasquear al Amor, y desembarazarse de él sobre seguro y traicioneramente, asesinándole.

Preparó sus redes y anzuelos, y poniendo en ellos cebo de flores y de miel dulcísima, atrajo al Amor haciéndole graciosos guiños y dirigiéndole sonrisas de embriagadora ternura y palabras entre graves y mimosas, en voz velada por la emoción, de notas más melodiosas que las del agua cuando se destrenza sobre guijas o cae suspirando en morisca fuente.

El Amor acudió volando, alegre, gentil, feliz, aturdido y confiado como niño, impetuoso y engreído como mancebo, plácido y sereno como varón vigoroso.

Eva le acogió en su regazo; acaricióle con felina blandura; sirvióle golosinas; le arrulló para que se adormeciese tranquilo, y así que le vio calmarse recostando en su pecho la cabeza, se preparó a estrangularle, apretándole la garganta con rabia y brío.

Un sentimiento de pena y lástima la contuvo, sin embargo, breves instantes. ¡Estaba tan lindo, tan divinamente hermoso el condenado Amor aquel! Sobre sus mejillas de nácar, palidecidas por la felicidad, caía una lluvia de rizos de oro, finos como las mismas hebras de la luz; y de su boca purpúrea, risueña aún, de entre la doble sarta de piñones mondados de sus dientes, salía un soplo aromático, igual y puro. Sus azules pupilas, entreabiertas, húmedas, conservaban la languidez dichosa de los últimos instantes; y plegadas sobre su cuerpo de helénicas proporciones, sus alas color de rosa parecían pétalos arrancados. Eva notó ganas de llorar...

No había remedio; tenía que asesinarle si quería vivir digna, respetada, libre..., no cerrando los ojos por no ver al muchacho, apretó las manos enérgicamente, largo, largo tiempo, horrorizada del estertor que oía, del quejido sordo y lúgubre exhalado por el Amor agonizante.

Al fin, Eva soltó a la víctima y la contempló... El Amor ni respiraba ni se rebullía; estaba muerto.

Al punto mismo que se cercioraba de esto, la criminal percibió un dolor terrible, extraño, inexplicable, algo como una ola de sangre que ascendía a su cerebro, y como un aro de hierro que oprimía gradualmente su pecho, asfixiándola. Comprendió lo que sucedía...

El Amor a quien creía tener en brazos, estaba más adentro, en su mismo corazón, y Eva, al asesinarle, se había suicidado.

El Cuervo de Edgar Allan Poe

por yosh
martes, 07 de octubre del 2008 a las 05:49
guardado en

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
"Es -dije musitando- un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más."

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.  Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
"Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más."

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
"Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía."
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: "¿Leonora?"
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: "¡Leonora!"
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
"Ciertamente -me dije-, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio."
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
"Aun con tu cresta cercenada y mocha -le dije-,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: "Nunca más."

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
"Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas."
Y entonces dijo el pájaro: "Nunca más."

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
"sin duda -pensé-, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más'."

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: "Nunca más."

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
"¡Miserable -dije-, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta!" -exclamé-, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! -exclamé-, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! -le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

Vicent Malloy

por yosh
martes, 07 de octubre del 2008 a las 05:42

Vincent Malloy tiene siete años,
es un niño amable pero algo huraño.
Es bueno, obediente y muy educado,
pero él quiere ser como Vincent Price, su idolo soñado.

 No le importa vivir con su perro,
su gato y su hermana,
aunque preferiría compartir casa
con murciélagos y arañas.
Allí jugaría con los horrores que ha inventado
y vagaría por los oscuros pasillos, solo y atormentado.

Cuando viene su tía, Vincent parece un cielo.
Pero se imagina sumergiéndola en cera para su museo.
Hace experimentos con su perro Abocrombie
con el fin de crear un horrible zombi.
Con ese espectro terrorífico para los hombres,
buscaría sus víctimas por la niebla de Londres.

Pero él no solo piensa en crímenes violentos,
Vincent pinta y de vez en cuando lee cuentos.
Mientras otros niños leen tebeos de acción
a Vincent es Edgar Allan Poe quien llama su atención.

Una noche, cuando leía una historia horripilante,
algo le hizo palidecer al instante.
Con tamaño disgusto su vida quedo derrumbada,
pues su bella esposa viva fue enterrada.

Debía cerciorarse de que había muerto,
e intentando desenterrarla destrozó las flores del huerto.
Su madre lo envió a su cuarto como castigo,
desterrado en sus sueños a la torre del olvido.
Sentenciado a pasar el resto de su vida
con el retrato de su amada que fue enterrada viva.

Y mientras lloraba sumido en la desesperación
apareció su madre en la habitación.
Le dijo: "Si quieres puedes salir a jugar.
Hace un día estupendo, lo puedes aprovechar."

Vincent trató de hablar pero no pudo,
los años de aislamiento lo volvieron casi mudo.
Así que cogió su pluma y se puso a escribir:
"Estoy poseído por esta casa, nunca volveré a salir."

Su madre le contestó: "Ni estás poseído ni estás medio muerto,
este juego tuyo es solo un invento.
Eres Vincent Malloy, no eres Vincent Price
y no estas loco ni atormentado, ¡caray!
Tienes siete años y eres mi hijo,
vete a jugar con otros niños, ¡te lo exijo!"

Y tras este toque de atención abandonó la habitación.
Pero cuando vincent trato de sobreponerse
las paredes empezaron a moverse.
Crujían, temblaban y su horrible locura la cima alcanzaba.
Vio a Abocrombie, su terrible esclavo,
y su mujer lo llamaba desde el otro lado.

De la tumba nacían sus ecos
y de las paredes surgían manos de esqueletos.
Todas las desgracias que sus sueños atormentaban
entraron en su vida mientras él gritaba.

Trató de escapar, de huir del horror,
pero su mustio cuerpo se derrumbó por el dolor.
Débilmente, casi sin voz, recitó El Cuervo de Edgar Allan Poe:
"Mi alma, esa sombra que allí flota fantasmal,
No se alzará... nunca más."

El Sueño de la Tumba

por yosh
martes, 07 de octubre del 2008 a las 05:32

Para el resto de los mortales, el día comienza con el lento abrir de los ojos, con ese diario debatir entre el olvido del sueño y la aterradora conciencia del día.
Para mí, en cambio, la existencia deja de ser un sueño cuando Ella ilumina la realidad con las brumas de su sonrisa.

Ya no recuerdo cuándo la conocí, ni siquiera si llegué a conocerla realmente, aunque pienso que fue hace algunas semanas. Las fechas no tienen ningún valor para mí. Los días no me envuelven, no pueden contenerme. Yo soy quien transita por esa abstracción que es el tiempo, y no al revés. Sé que esto puede sonar extraño, o incluso pueril, pero es la verdad.
Mi relación con Ella no puede describirse con palabras convencionales, ya que nada hay de convencional en nosotros.

Lo que sí puedo describir es nuestro primer encuentro. Ya he dicho que no puedo evocar cuándo nos conocimos, aunque el resto de aquel día brilla en mis recuerdos con una intensidad cegadora, casi onírica. A veces pienso que nunca abandoné aquella mañana bajo sus ojos, que por alguna extraña ley del destino mi realidad ha quedado suspendida, congelada; repitiendo la misma estúpida secuencia de movimientos.
Es curioso, basta con sentir el amor de una mujer para que el mundo se detenga; si no la hubiese conocido, aquella mañana sería una sombra en la memoria, o ni siquiera eso, sin embargo, después de ser contemplado por sus ojos, aquella mañana siempre se estará desarrollando, sus infinitas sutilezas no se perderán, al menos hasta que desaparezca el último que las recuerde.

Era una mañana despejada, Ella caminaba hacia mí con la mirada en otra parte. Sus pasos eran seguros, pero sobre sus hombros se adivinaba una carga, algo difícil de definir, pero perceptible. Cuando ya pasaba a mi lado, sus ojos me percibieron, o mejor dicho me atravesaron. Nunca había sentido algo semejante, ya que la gente suele ignorarme alegremente; incluso a veces siento el impulso de mirarme en un espejo para comprobar que existo, que soy real.
Su mirada duró apenas un instante, luego siguió caminando.

No sé qué la impulsó a retroceder, nunca me lo dijo, pero lo cierto es que sentí sus pasos firmes mientras venía hacia mí.
No alcé la mirada, no quería incomodarla con la visión por demás desagradable de mi rostro. Dejé que se acercara sin invadirla. Se sentó frente a mí en el pasto, y dijo:

_Sos lindo...Martín...

Mis ojos estaban clavados en el pasto, no hubiese podido alzarlos aunque el destino del mundo dependiera de ello. Sentía mil palabras agitándose en mi boca, pero mis labios se negaban a abrirse. Supongo que aquel congelamiento duró algunos instantes, aunque no podría asegurarlo. Finalmente, alcancé a articular unas pocas palabras:

_¿Quién sos?

Silencio. Ella tampoco me miraba.

_Parece que estamos igual de solos._dijo, mientras arrancaba una flor seca del piso.

Era cierto, al menos en mi caso.
El resto de la mañana la pasamos en silencio. Creo que nuestras presencias nos brindaron cierta calidez. Como si no necesitásemos demasiadas introducciones para sentirnos cómodos.
Ya era bien entrada la tarde cuando Ella finalmente se puso de pie, alizando con manos pálidas su vestido negro.

_Creo que voy a volver. Me gusta tu compañía._ dijo, y se fue.

Mi vida se convirtió en un eterno esperar. La ansiedad me corroía por dentro, como un grito que nunca se termina de proferir, pero que sigue latiendo en los oídos con un palpitar que no deja lugar para otro pensamiento.

Pasaron los días, o las semanas, hasta que apareció nuevamente.
Su ausencia me había permitido ensayar aquel torbellino de palabras que hubiese deseado decirle.
De nuevo, se sentó en el pasto, frente a mí.

_¿Siempre estás acá?_preguntó.

Estaba por responder que sí, cuando Ella comenzó a reírse.

_Perdón_dijo._A veces hago chistes malos cuando estoy nerviosa...

Creo que me sentí halagado; que una mujer con sus ojos se sienta nerviosa en mi compañía me pareció el mejor de los cumplidos posibles.

_No hay problema. A mí me pasa lo mismo._dije, o creo haber dicho.
_Yo soy Eugenia, encantada, Martín.
_¿Cómo sabes mi nombre?

Ella jugaba distraídamente, arrancaba unas pequeñas flores secas del suelo. Pensé que lo mejor era hablar de otra cosa, si Ella quería decirme cómo sabía mi nombre, tarde o temprano lo haría.

_¿Te gustan?_dije, mientras señalaba las flores secas._Se llaman Calendas.
_No me gustan estas flores, no se cómo se llaman_dijo, como si no me escuchase_Me gustan las rosas y los jazmines, especialmente los jazmines.

Entonces levantó la vista, me miró, y con cierta timidez alzó la mano como para acariciarme el rostro, pero se detuvo.

_¿Ya te dije que sos lindo, no?
_Si, el otro día creo...
_Mirá, Martín, me gusta tu compañía, pero no sé, me parece extraño todo esto. No sé que me pasa; debo estar loca por hablar con vos, a veces creo que tengo algo malo adentro, como si todo me doliese el doble que a los demás...

Ella se acomodó el cabello, y pude ver las marcas en sus muñecas.

_Me duele el mundo, Martín. ¿Me entendés?
_Si.
_¿Me vas a ayudar?

Durante un segundo sentí algo extraño, no era terror en el sentido convencional de la palabra, sino algo verdaderamente ominoso, como los ecos de una pesadilla que durante la mañana apenas recordamos.
_¿Ayudarte? ¿Con qué?
_Sola no puedo. Ya lo intenté, pero no pude. Cada segundo que pasa es peor, no puedo pensar en otra cosa. Necesito tu compañía para hacerlo.

Después de ésto, Ella ya no habló. Yo, por mi parte, elaboré una serie incontable de argumentos, le expliqué que era una locura, que era joven, que seguramente había miles de cosas por las cuales vale la pena levantarse cada mañana. Lo dije todo, y Ella seguía con los ojos en las flores, inmune a mis palabras.
Hoy estoy seguro de que no me oía.

_Voy a entrar esta noche, tarde, cuando los guardias estén durmiendo. Por favor, necesito que me ayudes, Martín.

Y se fue, sin regalarme el resplandor de sus ojos.

Las sombras se alargaron. Llegó la noche.
Te cuento esta historia (aunque sé que nadie puede oírme) porque Ella puede llegar de un momento a otro y no me gustaría hacerla esperar. Me he jurado que no voy a ayudarla, no podría aunque quisiera. Dicen que el amor es desear para objeto amado una felicidad completa, aún cuando esa felicidad nos excluya. Yo no creo que este sea el caso, la amo y la necesito viva; necesito su sonrisa, sus ojos, sus dedos desgranando flores muertas. La necesito porque sin Ella soy una Sombra.

Después de todo, ¿cómo podría ayudarla? ¿Con qué manos podría sostener las suyas mientras su vida se derrama sobre la hierba? Si pudiese la golpearía, le haría ver que el mundo merece nuestras lágrimas, que una flor seca y muerta alcanza para justificar la más honda de nuestras melancolías, que sufrir es un don del cual no debemos abjurar, que nuestra tristeza debe arroparnos, que la verdadera pesadilla, el verdadero horror, consiste en no sufrir.

Pero sé que es inútil, Ella ha tomado su decisión y yo no puedo cambiarla, no en éstas condiciones. Si hubiese un corazón en este vacío, si fuese aire el que respiro, si fuese sangre la que fluye en mis venas, creo que sí podría detenerla. Pero soy una Sombra, una de las tantas que se agitan en éste cementerio, flotando entre cruces y epitafios; tratando de evocar la tersura de una caricia, de un beso, de una mirada...

No sé porqué me eligió para regalarme el tesoro compañía, aunque sospecho que ha sentido lástima al observar mi foto, al contemplar mis ojos suicidas, o tal vez, simplemente, le ha gustado el nombre que puede verse en mi lápida.

Ya la veo saltar el muro, un resplandor metálico se vislumbra en su mano.

Supongo que lo único que puedo hacer es acompañarla.

Aelfwine.

El Primer Beso de Amor.The first kiss of love: George Gordon, Lord Byron.

por yosh
martes, 07 de octubre del 2008 a las 05:17

Ausente con tus ficciones de endebles romances,
Aquellos harapos de falsedad tejidos por la locura;
Dadme el espíritu fugaz con su débil resplandor,
O el arrebato que habita en el primer beso de Amor.

Si, poetas, vuestros pechos con fantasías brillarán,
Aquella pasión en la arboleda danzará con ardor;
Y de la bendita inspiración vuestros sonetos fluirán,
¿Pero podrán alguna vez saborear el primer beso de amor?

Si Apolo debe rehusar su asistencia,
O las Nueve dispuestas están a tu servicio;
No las invoquéis, decidle adiós a las Musas,
Y prueba el efecto del primer beso de amor.

Los odio, y odio vuestras frías composiciones,
Aunque el prudente me condene,
Y el intolerante lo repruebe;
Yo abrazo las delicias que brotan del corazón,
Cuyos latidos y alegría son el primer beso de amor.

Vuestros pastores y sus rebaños, aquellos temas fantásticos,
Tal vez puedan divertir pero nunca conmoverán.
Arcadia se despliega como un sueño de bello color,
¿Pero cómo podría compararse con el primer beso de amor?

¡Oh, cesad de afirmar que el hombre, desde que surgió
Del linaje de Adán, ha luchado contra la miseria!
Algunas parcelas del Cielo vibran en la Tierra,
Y el Edén resurge con el primer beso de amor.

Cuando los años hielen la sangre, cuando nuestros placeres pasen,
(Flotando durante años en las alas de una paloma)
El recuerdo más amado será siempre el último,
Nuestro monumento más dulce, el primer beso de amor.

Hace 9 años que mi mundo esta incompleto, te extraño día a día...cada que vuelvo a leer esto, imagino que aun estas sentado en mi cama leyendome esos grandes escritos que tu solo sabias crear... arropando mi alma...

te extraño moustro...

La Metamorfosis del Vampiro de Charles Baudelaire

por yosh
martes, 07 de octubre del 2008 a las 05:08
guardado en

La dama, entre tanto, de su labios de fresa
estremeciéndose como una serpiente entre brasas
y amasando sus senos sobre el duro corsé,
Decía estas palabras impregnadas de almizcle:
Son húmedos mis labios y la ciencia conozco
de perder en el fondo de un lecho la conciencia,
Seco todas las lágrimas en mis senos triunfales.
y hago sonreír a los viejos con infantiles risas.
Soy para quien sepa contemplarme desvelada,
la luna, y soy el sol, el cielo y las estrellas.
Yo soy, mi amado sabio, tan docta en los deleites,
Cuando sofoco a un hombre en mis brazos temidos,
o cuando a los mordiscos abandono mi busto,
tímida y ligera y frágil y robusta,
Que en esos cobertores que de emoción se rinden,
Impotentes los ángeles se perdieran por mí.

Cuando hubo succionado de mis huesos la médula
y muy lánguidamente me volvía hacia ella
A fin de devolverle un beso, sólo vi
rebosante de pus, un cáliz pegajoso.
Yo cerré los dos ojos con helado terror
y cuando quise abrirlos a aquella claridad,
A mi lado, en lugar del fuerte maniquí
que parecía haber hecho provisión de mi sangre,
en confusión chocaban fragmentos de esqueleto,
De los cuales se alzaban chirridos,
como los de una agria e infernal veleta,
o los de un cartel, al cabo de un vástago de hierro,
que acaricia el viento en las noches de invierno.

Sé Bella y sé Triste de Charles Baudelaire

por yosh
martes, 07 de octubre del 2008 a las 05:02
guardado en

¿Qué importancia tiene vuestra bondad?
Se Bella y se Triste, las lágrimas
agregan encanto a tu rostro
como la lluvia al paisaje,
La tormenta rejuvenece las flores.

Te amo más cuando la alegría
huye del balcón de tu frente,
Cuando tu corazón se hunde en el horror,
Cuando sobre tus cejas se despliega
La temible nube del pasado.

Te amo cuando tus grandes ojos derraman
Un agua tibia como sangre,
Cuando a pesar de mi mano acompañante,
El peso de la angustia horada tu voz
Como un quejido agonizante.

Y aspiro, divina voluptuosidad,
Himno de profunda delicia,
Todos los sollozos de tu pecho,
Y creo que tu corazón se ilumina
con las perlas que caen de tus ojos.

La Fuente de Sangre de Charles Baudelaire.

por yosh
martes, 07 de octubre del 2008 a las 04:57
guardado en

Creo sentir, a veces que mi sangre en torrentes
huye de mi, en sollozos, como una fuente.
Oigo perfectamente su lamento penoso,
pero en vano me palpo para encontrar la herida.

Corre como si fuera regando un descampado,
y en curiosos islotes convierte el empedrado,
apagando la sed que hay en toda criatura
y bañando de rojo la palidez de Natura.

A menudo, también del vino he demandado
que aplaque por un día mi terror. ¡Pero el vino
torna el mirar más claro y el oído más fino!

Tampoco en el amor el olvido he encontrado:
ha sido para mí un lecho de alfileres,
hecho para saciar la sed de las mujeres.

Sobre el blog

mis espectros

DISFRUTO DE LA VIDA, DETESTO LA DISCRIMINACION, ME GUSTA COMPARTIR CON MIS AMIGOS LOS POCOS MOMENTOS QUE PUEDO ESTAR CON ELLOS, YA SEA EN LOS PASTOS DE LA FES ACOMPAÑADA DE UN BUEN TABAKITO Y DE UN GRAN LIBRO; O EN LAS REUNIONES QUE POR OCACIONES SE ARMAN CON LOS CHICOS DEL CCH....

MEDIANTE ESTAS LETRAS PLASMO LO QUE MI ALMA NO LIBERA...

DISFRUTO MI SOLEDAD…

ME FACINA EL TEATRO Y LO MEJOR DE ESTE SON ESOS GRANDES MUSICALES...

YO VIVO PARA MORIR, Y TÚ, ¿PARA QUE VIVES?

YO ME CONOZCO MAS DE LO QUE LOS DEMAS ME CONOCEN, PERO AL MISMO TIEMPO ELLOS ME CONOCEN MAS DE LO QUE YO ME CONOZCO...


SUENA LOCO PERO ES LA VERDAD...



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mi pequeña siempre inspirada en letras negras, letras que expresan lo que tu alma guarda, letras ......(25 sep)
PIEL DE VAMPIRO (anonimo)
ojala me puedan enviar cosas de vampiros a mi correo pienso que son super padrisimas.ojala pusieran ......(25 sep)
PIEL DE VAMPIRO (anonimo)
creo que este tema es super cool porque me gustan mucho las historias de vampiros y creaturas de ......(25 sep)
PIEL DE VAMPIRO (fernanda)
holass la peli de twilight es linda ojala pase en la live real...(30 jun)
PIEL DE VAMPIRO (Mendez Castro, Marco)
aaaa...(20 may)

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  Anoche te soñé, tuve el sueño más real que jamás he tenido, o quizás fue que tu esencia y la mía, ...
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¿acaso extrañas mi voz?esta voz que hacia sangrar tus oidos con mis lamentos, con mis suplicas de ...
un poco de musica (3)
reflexion o locura?  
¿Me dices rara? (2)
¿Me dices rara a mí? , ¿La razón es que no veo las cosas como tú?, ¿Por qué visto de una manera ...
escucha a mi alma (2)
Llore cuando tus manos me soltaron en el abismo,  crei que moria cada segundo de mi caida...tu voz ...

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